Curiosidades

El problema de los ancianos abandonados. Una carta que invita a la reflexión

Una anciana, no quiso que su vida fuera en vano. Justo antes de morir escribió una hermosa carta. La enfermera que cuidaba de ella la encontró y la hizo pública. Esta carta, que conmovió a muchas personas, nos hace reflexionar acerca de la vida de los ancianos abandonados y nos anima a no permitir que nuestros padres se queden solos en esta situación de vulnerabilidad.

Quizás hayas podido visitar alguna vez una residencia de ancianos. Si lo has hecho, sabes que muchos de estos ancianos abandonados tienen grandes historias que compartir y enseñanzas que brindar a los más jóvenes, pues cuentan con la experiencia que sólo los años pueden dar. El mensaje de esta carta es digno de compartir como una reflexión para todos.

Ancianos abandonados: la carta de una viejecita que conmovió al mundo entero

El abandono de adultos mayores es considerado hoy en día una forma de violencia. Sin embargo, esta práctica es muy común en muchos países y no nos pasa inadvertida. El problema de los ancianos abandonados, no deja de sorprendernos.

ancianos abandonados

Nos preguntamos ¿A qué se debe que muchos adultos mayores sean abandonados por sus hijos? Muchas veces la forma de pensar occidental influye en los más jóvenes. Y es que en esta cultura, todo aquel que no produce, puede llegar a ser considerado un estorbo. De allí que la tasa de ancianos abandonados se encuentre en aumento.

En otras culturas, como por ejemplo la cultura oriental, por el contrario, los ancianos son considerados fuente de sabiduría y conocimiento y por ello, son apreciados, cuidados y respetados en sus últimos días.

El abandono de los adultos mayores, de hecho, ha influido en la pérdida de los valores, la identidad familiar y la transmisión de tradiciones que anteriormente se realizaba de generación en generación.

Un caso para reflexionar

Algunos datos estadísticos, dejan ver que de cada 100 adultos mayores  viviendo en casas de residencias, 60 de ellos son ancianos abandonados.

Este es el caso de esta viejita. Sus enfermeras la consideraban un caso difícil pues siempre estaba ausente y sufría de senilidad. Desde su punto de vista, era sólo una anciana esperando morir.

Una vez que murió, al recoger sus cosas, las enfermeras encontraron una carta que no dejó de sorprenderlas. Sus palabras escritas a continuación, son una reflexión para todos.

“Carta a aquellos que conocieron sólo mis últimos días.

¿Qué ven ustedes, enfermeras, qué ven? ¿Qué piensan cuando me ven?

Una vieja cascarrabias, no muy lista. Con hábitos extraños y una mirada distante. Una mujer a la cual la comida le cae por la comisura de los labios, que nunca responde. Una mujer a la que le gritan “al menos podrías intentarlo”, que parece no darse cuenta de las cosas que ustedes hacen.

Alguien que siempre pierde algo… un calcetín o un zapato. Que poniendo resistencia o no, deja que hagan lo que quieran. Una persona que ocupa gran parte del día en el baño o con la comida.

¿Es eso lo que piensan? ¿Es eso lo que ven? Pues entonces, deben abrir bien los ojos enfermeras… ustedes no me están viendo. Les diré quién soy, ahora que estoy sentada, haciendo lo que me dicen y comiendo cuando ustedes me lo piden.

Soy una niña de 10 años, con padre, madre, hermanos y hermanas, y todos nos queremos. Luego, una chica de 16 con alas en los pies, que sueña con encontrar, muy pronto, el amor verdadero.

Soy una novia de 20 años a la que el corazón le salta de alegría. Que recuerda los votos que prometió cumplir en su matrimonio. Con 25 ya tengo mis propios hijos, a los que he de guiar, dar un hogar estable y seguro.

Soy una mujer de 30 y mis hijos crecen rápido, pero unidos. Los unos y los otros, comparten lazos que van a durar para siempre. Con 40, mis jóvenes hijos crecieron y se marcharon, pero mi marido está aquí conmigo para que no esté triste. Con 50, vuelven a jugar bebés en mi regazo. Vuelvo a disfrutar de los niños, del amor y hasta de mí misma en un nuevo rol.

Pronto, días oscuros se ciñen sobre mí, mi marido acaba de morir. Miro al futuro, me estremezco de dolor y de miedo. Mis hijos tienen sus propios hijos. Pienso en los años que pasaron y en todo el amor que conocí, que brindé.

Ahora soy una vieja, la naturaleza es sabia pero cruel, terrible. Muchas veces río de mi edad, como una idiota. Mi cuerpo se vino abajo… gracia y fuerza ya no tengo. Ahora sólo queda una piedra donde antes latía un corazón. Sin embargo, en este viejo envoltorio, aún vive una mujer y en este maltrecho corazón, todavía late la emoción de aquellos días.

Recuerdo con amor la dicha pasada y revivo aún aquellas penas. Vivo y amo todos los días. Pienso en los años… tan pocos y se fueron tan rápido. Acepto el hecho de que nada puede quedar en esta tierra.

Así, pues, ¡abran los ojos! ¡Abran y miren! Ninguna vieja cascarrabias.

Miren más de cerca… mírenme a mí.”

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